El mito del límite "fuerte"
Existe la creencia de que para que un límite funcione tiene que ser impuesto con fuerza. Que si no gritamos, el niño no nos va a tomar en serio.
Pero la evidencia nos muestra otra cosa: los límites más efectivos son los que se sostienen con calma y consistencia, no con volumen.
Por qué gritamos
Antes de buscar cómo dejar de gritar, vale preguntarse por qué gritamos:
- Porque estamos agotados
- Porque sentimos que perdimos el control
- Porque es lo que aprendimos en nuestra propia infancia
- Porque no sabemos qué más hacer
Reconocer esto no es una excusa. Es el primer paso para cambiar.
Claves para límites efectivos
1. Anticipar
Muchos conflictos se evitan anticipando. "En cinco minutos nos vamos del parque" funciona mejor que arrancar al niño de los juegos sin aviso.
2. Ser claros y concisos
"No pegamos" es más efectivo que un sermón de diez minutos sobre por qué no está bien pegar.
3. Validar la emoción, sostener el límite
"Entiendo que estás enojado. No está bien pegar." Las dos cosas pueden coexistir.
4. Cuidar tu propio estado
No podés regular a un niño si vos no estás regulado. A veces el primer paso es tomar un respiro antes de intervenir.
El límite como cuidado
Los límites no son castigos. Son guías. Son la forma en que les mostramos a los niños cómo funciona el mundo y cómo cuidarse en él.
Y eso se puede hacer sin gritar.

