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Mi historia

De la psicología clínica al desarrollo motor infantil

Cómo llegué hasta acá

Durante años escuché a niños decir "no me gustan los deportes", "no me gusta hacer gimnasia". Y entonces me empecé a preguntar qué era lo que realmente no les gustaba cuando decían esto.

A veces era simplemente que sus intereses estaban en otro lado. Pero otras veces, cuando indagaba más, aparecían otras señales: vergüenza, miedo, evitación. Y detrás de esas señales, falta de habilidades motoras que no habían sido enseñadas.

El cuerpo y la mente no están separados. El movimiento, las emociones y las habilidades de pensamiento se aprenden y se practican juntas, de manera integrada. Porque el que se mueve, siente y piensa es uno solo: el niño. Y necesita un adulto que entienda ese proceso y lo acompañe con paciencia.

El vínculo es lo que permite que el niño se anime a fallar, a intentar, a crecer. Y ese descubrimiento me llevó a entender algo fundamental: que los adultos que acompañamos a los niños tenemos un impacto profundo en cómo se desarrollan, en cómo se ven a sí mismos, en lo que se animan a intentar.

Pero también entendí otra cosa: que para poder acompañar bien, el adulto también necesita ser acompañado.

Porque acompañar no es solo saber qué hacer. Es poder sostener la frustración cuando las cosas no salen como esperabas. Es tener un espacio donde pensar sin ser juzgado. Es sentir que alguien entiende la complejidad de tu contexto y no te da recetas vacías.

Por eso acompaño a padres y entrenadores a entender ese vínculo, y a transformar su forma de estar al lado de los niños. Desde un lugar donde ellos también se sientan sostenidos.

Valeria Romero - Psicóloga

Mi formación en psicología deportiva y desarrollo infantil

Ese proceso de entender el desarrollo infantil desde lo integrado me llevó a formarme en distintas áreas que, aunque parecen separadas, hablan todas del mismo tema: cómo aprende, se desarrolla y se relaciona un niño.

Psicología clínica: Las bases del aprendizaje infantil

Mi formación en psicología me dio las bases para entender los procesos mentales y emocionales del desarrollo infantil.

Durante diez años, en mi consulta, trabajé con padres de niños con dificultades de aprendizaje y dificultades para la autorregulación emocional. Acompañé a padres, supervisé terapeutas, ayudé a maestras a integrar a los niños en las escuelas.

Y fue en ese contexto donde aprendí que muchos principios de aprendizaje que aplicaba en la terapia se podían aplicar en la enseñanza a todos los niños.

Aprendí a descomponer cada desafío en pasos pequeños y manejables. A analizar el contexto para identificar qué estaba ocurriendo antes y después de cada conducta.

Y aprendí algo que cambió mi manera de ver el aprendizaje: la idea de "oportunidad de aprendizaje".

Para que una oportunidad de aprendizaje sea clara, necesita tres cosas: un estímulo claro del adulto, la respuesta del niño, y una retroalimentación del adulto y del propio niño. Si alguna de esas partes falta o no es clara, no estamos generando aprendizaje. Y eso depende del adulto, no del niño.

Psicología del deporte: El deportista como persona

Formarme en psicología del deporte me enseñó algo que suena obvio pero que no siempre se respeta: que el deportista, antes que deportista, es una persona.

Y eso me permitió ver al deporte completo, con sus dos caras. El crecimiento, la disciplina, la capacidad de sobreponerse. Pero también las sombras: la presión, los miedos, lo que sufre un deportista y un entrenador.

Y entendí algo fundamental: que el entrenador siempre ejerce influencia, incluso en el alto rendimiento. No es una cuestión de si influye o no, sino de qué tipo de influencia elige ser. Por eso su trabajo de autoconocimiento y autorregulación es indispensable.

Esta comprensión es central en mi programa de acompañamiento para entrenadores, donde trabajamos tanto las herramientas técnicas como el desarrollo personal del entrenador.

Neuroeducación: Cómo aprende el cerebro infantil

Con los aportes de la neuroeducación pude entender cómo funciona el cerebro cuando aprende. Y lo primero que aprendí es que un cerebro amenazado no aprende.

Cuando un niño siente presión, miedo o vergüenza, su cerebro entra en modo supervivencia y el aprendizaje se bloquea. Por eso es fundamental crear entornos cerebro-compatibles, donde el niño se sienta seguro para explorar y equivocarse.

También entendí que muchas veces enseñamos para un cerebro que aún no tiene los requisitos madurativos necesarios, o al contrario, le generamos aburrimiento porque no le ofrecemos desafíos apropiados.

El cerebro se desarrolla por etapas, y cada etapa necesita estímulos específicos. Cuando no respetamos eso, el niño parece que "no puede" o "no quiere", pero en realidad estamos pidiendo algo que su cerebro todavía no está preparado para dar.

Y aprendí sobre las funciones ejecutivas básicas: la atención, la memoria de trabajo, la inhibición de respuesta, la flexibilidad cognitiva. Estas habilidades son la base de todo aprendizaje y se desarrollan desde la infancia. No son innatas. Se entrenan.

Desarrollo motor: Alfabetización del movimiento

Estudiar acerca del desarrollo motor durante la infancia me ayudó a entender algo que cambió por completo mi mirada: que la educación física no es deporte. Es alfabetización motora.

Es enseñar a los niños a moverse con competencia, del mismo modo que les enseñamos a leer y escribir.

Las habilidades fundamentales del movimiento como correr, saltar, lanzar, atrapar, son habilidades que deben ser practicadas y en muchos casos enseñadas. Son la base del desarrollo pleno de todo niño, no solo de los que quieren ser deportistas.

Porque el movimiento está íntimamente ligado al desarrollo cognitivo y emocional. No se pueden separar.

Aprendí que es fundamental evaluar y monitorear cómo se están desarrollando estas habilidades. Con herramientas específicas que nos permitan ver qué habilidades tiene el niño, cuáles le faltan, y cómo acompañarlo.

Porque cuando un niño dice "no me gusta hacer deportes", muchas veces está diciendo "no puedo hacerlo" porque no tiene las habilidades prerequisitas que nadie le enseñó.

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Mi metodología de trabajo

Mi acompañamiento comienza escuchando lo que está pasando. Después hago preguntas sobre el contexto, sobre lo qué pensás y lo qué sentís como adulto frente a esa situación. Porque lo que percibís también forma parte de lo que el niño está viviendo.

En relación al niño, propongo hacer una evaluación inicial. Una línea de base para saber dónde estamos parados. Sin eso, no podemos armar un plan de acción que tenga sentido.

A partir de ahí, diseñamos las estrategias apropiadas para tu contexto específico.

Comprendo el desafío que esto representa para vos. Valoro tu tarea y tu compromiso. Y entiendo que también necesitás ser acompañado en este proceso. Porque para poder acompañar a un niño, es importante que te sientas sostenido.

¿Necesitás acompañamiento profesional?

Si sos padre o entrenador y sentís que necesitás herramientas para acompañar mejor el desarrollo de los niños, estoy acá para ayudarte.

Trabajamos juntos desde un lugar de comprensión, sin juicios, respetando tu contexto y tus desafíos reales.