Mi historia
Lo que descubrí cuando empecé a preguntar
Durante años escuché a niños decir "no me gustan los deportes", "no me gusta hacer gimnasia". Y entonces me empecé a preguntar qué era lo que realmente no les gustaba cuando decían esto.
A veces era simplemente que sus intereses estaban en otro lado. Pero otras veces, cuando indagaba más, aparecían otras señales: vergüenza, miedo, evitación. Y detrás de esas señales, falta de habilidades motoras que no habían sido enseñadas.
Como psicóloga descubrí que detrás de muchos comportamientos que nos preocupan, suele haber habilidades que el niño aún no aprendió. Estos comportamientos no son arbitrarios - son funcionales. Cumplen una función para el niño, quien los usa porque aún no aprendió formas más adaptativas de comunicar o conseguir lo que necesita.
El desarrollo infantil integra áreas motoras, emocionales y cognitivas que se influyen mutuamente. El movimiento, las emociones y las habilidades de pensamiento se aprenden y se practican juntas. Como adultos, necesitamos comprender este proceso para poder acompañar el crecimiento de cada niño.
El vínculo es lo que permite que el niño se anime a fallar, a intentar, a crecer. Y ese descubrimiento me llevó a entender algo fundamental: que los adultos que acompañamos a los niños tenemos un impacto profundo en cómo se desarrollan, en cómo se ven a sí mismos, en lo que se animan a intentar.
Pero también entendí que para poder acompañar bien, el adulto también necesita ser acompañado.
Porque acompañar no es solo saber qué hacer. Es poder sostener la frustración cuando las cosas no salen como esperabas. Es tener un espacio donde pensar sin ser juzgado. Es sentirte validado en la complejidad de tu contexto.
Por eso acompaño a padres, entrenadores y educadores a entender ese vínculo, y a transformar su forma de estar al lado de los niños. Desde un lugar donde ellos también se sientan sostenidos.
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Mi formación en psicología
Todo partió de una pregunta: ¿cómo aprende un niño, y qué necesitamos los adultos que acompañamos para que ese aprendizaje ocurra? Para intentar responderla me fui formando en diferentes áreas. Estudié el movimiento. Estudié las emociones. Estudié cómo funciona el cerebro cuando aprende. Estudié cómo influye el vínculo con los otros en ese proceso. Así fue como mi mirada se fue construyendo: entendiendo cómo se conectan estas áreas en el desarrollo de un niño.
“Si alguna parte de la oportunidad de aprendizaje falta, no estamos generando aprendizaje. Y eso depende del adulto, no del niño.”
Psicología clínica: Las bases del aprendizaje infantil
Mi formación en psicología me dio las bases para entender los procesos mentales y emocionales del desarrollo infantil.
Durante diez años, en mi consulta, trabajé con padres de niños con dificultades de aprendizaje y dificultades para la autorregulación emocional. Acompañé a padres, supervisé terapeutas, ayudé a maestras a integrar a los niños en las escuelas.
Y fue en ese contexto donde aprendí que muchos principios de aprendizaje que aplicaba en la terapia se podían aplicar en la enseñanza a todos los niños.
Aprendí a descomponer cada desafío en pasos pequeños y manejables. A analizar el contexto para identificar qué estaba ocurriendo antes y después de cada conducta.
Y aprendí algo que cambió mi manera de ver el aprendizaje: la idea de “oportunidad de aprendizaje”.
Para que una oportunidad de aprendizaje sea clara, necesita tres cosas: un estímulo claro del adulto, la respuesta del niño, y una retroalimentación del adulto y del propio niño. Si alguna de esas partes falta o no es clara, no estamos generando aprendizaje. Y eso depende del adulto, no del niño.
“El entrenador siempre ejerce influencia. No es cuestión de si influye o no, sino de qué tipo de influencia elige ser.”
Psicología del deporte: El deportista como persona
Formarme en psicología del deporte me enseñó algo que suena obvio pero que no siempre se respeta: que el deportista, antes que deportista, es una persona.
Y eso me permitió ver al deporte completo, con sus dos caras. El crecimiento, la disciplina, la capacidad de sobreponerse. Pero también las sombras: la presión, los miedos, lo que sufre un deportista y un entrenador.
Y entendí algo fundamental: que el entrenador siempre ejerce influencia, incluso en el alto rendimiento. No es una cuestión de si influye o no, sino de qué tipo de influencia elige ser. Por eso su trabajo de autoconocimiento y autorregulación es indispensable.
Esta comprensión es central en mi acompañamiento profesional, donde trabajamos tanto las herramientas técnicas como el desarrollo personal del adulto que acompaña.
“Cuando un niño se siente amenazado, pensar se vuelve difícil.”
Neuroeducación: Cómo aprende el cerebro de un niño
Con los aportes de la neuroeducación pude entender cómo funciona el cerebro cuando aprende. Y lo primero que aprendí es que cuando un niño se siente amenazado, pensar se vuelve difícil.
Cuando un niño siente presión, miedo o vergüenza, su cerebro entra en modo supervivencia y el aprendizaje se bloquea. Por eso es fundamental crear entornos cerebro-compatibles, donde el niño se sienta seguro para explorar y equivocarse.
También entendí que muchas veces enseñamos para un cerebro que aún no tiene los requisitos madurativos necesarios, o al contrario, le generamos aburrimiento porque no le ofrecemos desafíos apropiados.
El cerebro se desarrolla por etapas, y cada etapa necesita estímulos específicos. Cuando no respetamos eso, el niño parece que “no puede” o “no quiere”, pero en realidad estamos pidiendo algo que su cerebro todavía no está preparado para dar.
Y aprendí sobre las funciones ejecutivas básicas: la atención, la memoria de trabajo, la inhibición de respuesta, la flexibilidad cognitiva. Estas habilidades son la base de todo aprendizaje y se desarrollan desde la infancia. Se pueden entrenar.
“La educación física no es deporte. Es alfabetización motora.”
Desarrollo motor: Alfabetización del movimiento
Estudiar acerca del desarrollo motor durante la infancia me ayudó a entender algo que cambió por completo mi mirada: que la educación física no es deporte. Es alfabetización motora.
Es enseñar a los niños a moverse con competencia, del mismo modo que les enseñamos a leer y escribir.
Las habilidades fundamentales del movimiento como correr, saltar, lanzar, atrapar, son habilidades que deben ser practicadas y en muchos casos enseñadas. Son la base del desarrollo pleno de todo niño, no solo de los que quieren ser deportistas.
Porque el movimiento está íntimamente ligado al desarrollo cognitivo y emocional. No se pueden separar.
Aprendí que es fundamental evaluar y monitorear cómo se están desarrollando estas habilidades. Con herramientas específicas que nos permitan ver qué habilidades tiene el niño, cuáles le faltan, y cómo acompañarlo.
Porque cuando un niño dice “no me gusta hacer deportes”, muchas veces está diciendo “no puedo hacerlo” porque no tiene las habilidades prerequisitas que nadie le enseñó.
Comprendo el desafío que esto representa para vos. Lo que sentís frente a la situación también forma parte de lo que el niño está viviendo. Por eso entiendo que también necesitás ser acompañado en este proceso: para poder acompañar a un niño, es importante que te sientas sostenido.