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¿No quiere o no puede? La diferencia que cambia todo

Aprender a distinguir entre "no quiere" y "no puede" es una de las habilidades más transformadoras que un adulto puede desarrollar. Te cuento cómo hacerlo.

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La confusión más común

Cuando un niño no hace lo que esperamos, la primera reacción suele ser pensar que "no quiere". Que es terco, desafiante, o simplemente desobediente.

Pero hay otra posibilidad que solemos pasar por alto: no puede.

No puede porque está cansado. No puede porque está abrumado. No puede porque todavía no desarrolló esa habilidad. No puede porque algo le preocupa y no sabe cómo expresarlo.

Por qué importa la diferencia

Cuando asumimos "no quiere", nuestra respuesta suele ser más exigencia, más presión, más consecuencias. Y si en realidad el niño no puede, esa respuesta solo aumenta su frustración y la nuestra.

Cuando consideramos "no puede", nuestra respuesta cambia. Nos acercamos con curiosidad en lugar de juicio. Buscamos entender qué está pasando antes de actuar.

Cómo distinguirlos

Algunas preguntas que pueden ayudarte:

  • ¿Este comportamiento es nuevo o viene pasando hace tiempo?
  • ¿En qué contextos aparece y en cuáles no?
  • ¿Qué pasó justo antes?
  • ¿Cómo está el niño físicamente? (sueño, hambre, salud)
  • ¿Hubo cambios recientes en su rutina o entorno?

El cambio de mirada

No se trata de justificar todo comportamiento. Se trata de entender antes de reaccionar.

Porque cuando entendés qué hay detrás, dejás de reaccionar y empezás a responder. Y esa diferencia cambia todo.