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Para Entrenadores7 min de lectura

3 mensajes que potencian (o limitan) a tus hijos en el deporte

¿Alguna vez te preguntaste si tus palabras de aliento en la cancha realmente están ayudando? Un "¡Sos un campeón!" puede estar poniendo el freno sin que lo sepas.

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La paradoja del elogio

¿Alguna vez te preguntaste si tus palabras de aliento en la cancha realmente están ayudando a tu hijo a alcanzar su máximo potencial?

Pensamos que un "¡Sos un campeón!" es el mejor combustible para su confianza. Pero, ¿y si, sin querer, estuviéramos poniendo el freno a su desarrollo?

La psicología del rendimiento nos muestra algo sorprendente: las creencias que sembramos son más poderosas que el talento innato.

La diferencia fundamental radica en dos mentalidades: la "fija", que cree que el talento es innato e inamovible, y la de "crecimiento", que entiende que las habilidades se cultivan con dedicación.

Incluso leyendas como Michael Jordan no fueron vistas como prodigios en sus inicios. Lo que los define no es su punto de partida, sino su dedicación al crecimiento.

1. El elogio peligroso: por qué "talento nato" es un obstáculo

Puede parecer natural decirle a un niño "¡Qué talentoso sos!" después de una gran jugada. Sin embargo, la investigación es clara: elogiar la inteligencia o el talento innato daña la motivación y el rendimiento a largo plazo.

¿Por qué? Porque si su identidad está ligada a ser "talentoso", cualquier error o desempeño imperfecto amenaza con desmentir esa etiqueta. Esto genera una profunda aversión al riesgo.

Un estudio lo demostró de forma contundente: después de resolver una serie de problemas, a un grupo de niños se le elogió por su habilidad ("se ve que se te da bien esto") y a otro por su esfuerzo ("se ve que trabajaste muchísimo").

Los resultados fueron reveladores:
  • Los niños elogiados por su habilidad rechazaron tareas más desafiantes
  • Cuando enfrentaron problemas difíciles, su confianza se desplomó
  • Casi el 40% mintió sobre sus puntuaciones para ocultar su "fracaso"

La solución: elogiar el proceso

Cambiá el foco de tu elogio. En lugar de alabar un resultado fijo, celebrá el proceso dinámico que lo hizo posible.

> "¡Me gusta que hayas probado toda clase de estrategias con ese tiro libre hasta que encontraste una que funciona!"

Es crucial evitar elogios como "¡Qué rápido lo hiciste!". Esto enseña una lección peligrosa: si ser bueno significa ser rápido, entonces cualquier tarea que requiera tiempo y esfuerzo debe ser evitada.

Al elogiar el proceso, liberás a tu hijo de la tiranía de la perfección.

2. Redefiniendo el fracaso: de una etiqueta a una lección

Para un niño con mentalidad fija, el fracaso no es un evento; es una sentencia. Una derrota no es simplemente algo que ocurrió, sino una medida directa de su valía.

En su mente, "fallé" se convierte en "soy un fracasado".

La solución: el fracaso como inspiración

La mentalidad de crecimiento ve un error como lo que realmente es: un problema del cual aprender, una fuente de información valiosa y una inspiración para mejorar.

Cuando tu hijo enfrente una derrota, evitá las reacciones negativas como culpar a los jueces o al entrenador. Igualmente perjudicial es darle un falso estímulo.

Decirle que "tiene la capacidad" sin exigirle el trabajo necesario refuerza la idea de que el talento por sí solo debería ser suficiente.

En su lugar, usá la crítica constructiva:

> "Sé que decepciona, pero todavía no te lo merecés. Había otros que trabajaron mucho más. Si esto es algo que querés de verdad, vas a tener que trabajar de verdad."

Este enfoque, aunque duro, es profundamente empoderador.

3. El esfuerzo no es un Plan B: es el motor del talento

Una de las creencias más dañinas de la mentalidad fija es que si realmente tenés talento, no deberías necesitar esforzarte.

Desde esta perspectiva, tener que trabajar duro es una señal de ineptitud. Esta idea lleva a muchos atletas prometedores a rendirse cuando las cosas se ponen difíciles.

La verdad: el esfuerzo crea el talento

La mentalidad de crecimiento invierte esta lógica: el esfuerzo no es solo una ayuda para el talento, sino que es lo que te hace talentoso en primer lugar.

John Wooden, el legendario entrenador de baloncesto, no exigía a sus jugadores partidos sin errores; exigía preparación y esfuerzo completos.

La pregunta fundamental que cada atleta debía hacerse:

> "¿Me esforcé al máximo?"

Si la respuesta es afirmativa, se puede ser superado en el resultado, pero nunca se pierde realmente.

El legado que realmente importa

Al adoptar y fomentar una mentalidad de crecimiento, le das a tu hijo un regalo mucho más valioso que cualquier trofeo.

Le ofrecés las herramientas para amar los desafíos, aprender de los errores y nunca dejar de crecer.

El mensaje final que debemos transmitir:

"Vos sos una persona en desarrollo, y a mí me interesa ese desarrollo."

Entonces, la próxima vez que estés en la tribuna, preguntate: ¿Qué mensaje le estás enviando hoy a tu hijo?