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¿Mi hijo se mueve lo suficiente?

Son las nueve de la noche. Tu hijo está en la cama pero no para de moverse. Pensás que es la tablet, pero a veces la respuesta es más simple.

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¿Cuánto movimiento necesita un niño?

Son las nueve de la noche. Tu hijo está en la cama pero no para de moverse. Le cuesta dormirse. Pensás que es la tablet, la ansiedad, o que "es así".

Pero a veces la respuesta es más simple: no gastó suficiente energía durante el día.

La OMS habla de 60 minutos diarios de actividad moderada a intensa. Suena a mucho, pero pensalo así: es caminar rápido al colegio, correr en el recreo y jugar en la plaza. No hace falta un deporte formal.

¿Qué cuenta como "movimiento"?
  • Caminar rápido (no pasear mirando el celular)
  • Juegos donde se transpira: la mancha, escondidas activas
  • Andar en bici, patines, patineta
  • Subir escaleras, trepar, saltar

La pregunta no es "¿hace deporte mi hijo?" sino "¿cuánto se movió hoy?"

El círculo que pocos ven

El Proyecto Helena, un estudio europeo con adolescentes, encontró algo que quizás intuías: los chicos que se mueven menos, duermen peor. Y los que duermen peor, se mueven menos al día siguiente.

Es un círculo. Y muchas veces empieza entre los 8 y 10 años, cuando las pantallas empiezan a ganar terreno.

> "No se mueven lo suficiente para cansarse. Y están demasiado cansados para moverse."

¿Te suena?

Las 4 piezas de un día saludable

Las Directrices Canadienses de Movimiento proponen pensar el día completo, no solo "la hora de deporte". Son cuatro piezas:

Transpirar → 60 minutos de actividad donde el corazón se acelere Caminar → Varias horas de movimiento liviano: ir caminando, jugar tranquilo, moverse por la casa Dormir → 9 a 11 horas (5-13 años) u 8 a 10 horas (14-17 años) Sentarse → Máximo 2 horas de pantalla recreativa

¿Cómo se ve un día típico de tu hijo si lo mirás desde estas cuatro piezas?

Actividad física, ejercicio y deporte: no son lo mismo

Cuando decimos "mi hijo necesita hacer más actividad física", muchos piensan automáticamente en inscribirlo en un deporte. Pero son cosas distintas.

Actividad física es cualquier movimiento: caminar, subir escaleras, bailar en la cocina, ayudar a ordenar. Lo hacemos todo el tiempo sin darnos cuenta. Ejercicio físico es movimiento planificado para mejorar algo específico: fuerza, resistencia, flexibilidad. Tiene un objetivo. Deporte es ejercicio con reglas y competencia. Hay ganadores y perdedores.

¿Por qué importa esta diferencia? Porque si tu objetivo es que tu hijo se mueva más, no necesitás inscribirlo en nada. Podés empezar por su rutina diaria.

Antes de elegir un deporte

Si estás pensando en anotarlo en alguna actividad, te invito a reflexionar:

  • ¿Qué quiero lograr? ¿Que se mueva más, que mejore alguna habilidad, que socialice?
  • ¿Qué le interesa a él/ella? ¿O es más una tradición familiar?
  • ¿Tiene las habilidades básicas que ese deporte requiere?
  • ¿Está listo madurativamente para seguir reglas y competir?

Elegir un deporte es como elegir un libro para antes de dormir: tiene que ser apropiado y atractivo para su momento.

¿Y si dice que no le gusta el deporte?

Esta es una de las frases que más escucho de los padres. Y mi primera pregunta siempre es:

¿No le gusta o no sabe hacerlo?

Muchas veces los chicos confunden las dos cosas. Si un niño no desarrolló bien las habilidades básicas —saltar, correr, lanzar, atrapar— es probable que evite situaciones donde quede expuesto.

No es que no le guste moverse. Es que no se siente capaz.

Otras veces el tema es social: le cuesta interactuar con pares, y el deporte grupal lo abruma. Eso tampoco significa que no pueda disfrutar del movimiento.

Algunas alternativas:
  • Andar en bici o patineta (individual, a su ritmo)
  • Bailar en casa
  • Senderismo en familia
  • Yoga para chicos
  • Parkour o escalada (desafiante pero sin competencia directa)

El objetivo no es que haga deporte. Es que encuentre placer en moverse.

¿El movimiento ayuda en la escuela?

Sí, y hay razones concretas.

Cuando tu hijo se mueve, su cerebro recibe más sangre y oxígeno. También libera sustancias que favorecen el aprendizaje:

  • Dopamina: motivación y atención
  • Serotonina: buen humor y calma
  • Adrenalina: energía para la acción

Además, el movimiento con otros activa las neuronas espejo, que ayudan a desarrollar empatía y comprensión social.

Y hay algo más: el ejercicio hace crecer el hipocampo, la zona del cerebro donde los aprendizajes se convierten en memoria.

Entonces sí: un chico que se mueve, probablemente aprenda mejor. Pero no porque "gaste energía", sino porque su cerebro funciona distinto después de moverse.

5 ideas para que se mueva más

No se trata de obligar. Se trata de crear oportunidades.

1. Sé el ejemplo

Los chicos imitan. Si te ven disfrutar del movimiento, van a querer participar.

2. Ofrecé variedad

No todos disfrutan lo mismo. Probá distintas cosas hasta encontrar qué le gusta.

3. Hacelo divertido

Competencias en familia, salidas al aire libre, juegos en el parque. Que no se sienta como obligación.

4. Metas pequeñas y celebrables

"Hoy vamos a caminar hasta el kiosco" es más motivador que "tenés que hacer más ejercicio".

5. El equipo importa

Unas zapatillas cómodas o una bici que funcione bien pueden hacer toda la diferencia.

Para cerrar

No necesitás un plan perfecto ni inscribirlo en tres actividades.

Empezá por observar: ¿cómo es un día típico de tu hijo? ¿Cuántas de esas cuatro piezas —transpirar, caminar, dormir, limitar pantallas— están presentes?

Y si algo no encaja, no te culpes. Preguntate: ¿qué pequeño cambio podría probar esta semana?

A veces alcanza con ir caminando al colegio. O apagar la tele media hora antes y salir al patio.

El movimiento no es un ítem más en la lista de "cosas que debería hacer mi hijo". Es parte de cómo su cuerpo y su cerebro funcionan mejor.