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De las tribunas a la cancha: por qué los padres viven el deporte como nunca antes

Tu agenda semanal está marcada por entrenamientos, viajes a partidos y fines de semana en las tribunas. Pero no siempre fue así. ¿Qué cambió?

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El silencio del pasado, el clamor del presente

Si sos padre de un niño o adolescente que practica algún deporte, es muy probable que tu agenda semanal esté marcada por horarios de entrenamiento, viajes a partidos y fines de semana en las tribunas.

Lo llevás al entrenamiento, lavás uniformes, animás en cada jugada y te involucrás en la vida del equipo.

Esta imagen del padre omnipresente en el deporte juvenil es tan común hoy que la damos por sentada. Pero no siempre fue así.

Un estudio revelador de Noruega recuerda la infancia de los años 70 y 80. En ese entonces, los campos deportivos estaban notablemente vacíos de padres. La ausencia parental no era una excepción, sino la norma.

El deporte era un asunto entre el niño y el club. La idea de que ser un "buen padre" implicaba una participación activa simplemente no existía.

¿Qué provocó este cambio generacional tan drástico?

1. La involucración ya no es opcional, es la norma

El primer hallazgo fundamental es que la participación activa de los padres ha dejado de ser una elección para convertirse en una fuerte norma social.

Esta expectativa se extiende a través de todas las clases sociales. Apoyar la actividad deportiva del hijo se presenta como una parte natural e indispensable de ser un padre responsable.

Una madre lo describió así:

> "Creo que en mi propia infancia era casi como la víspera de Navidad cuando mis padres venían a verme jugar al balonmano. Porque sucedía muy rara vez. Pero esa única vez, recuerdo que fue genial."

2. Más que ganar: el deporte como vínculo emocional

Para los padres de hoy, el deporte juvenil es mucho más que competencia y desarrollo físico; es un espacio crucial para cultivar y mantener la cercanía emocional con sus hijos.

A medida que los hijos buscan mayor independencia, el deporte se convierte en un interés compartido que permite a los padres sentirse conectados con el mundo de sus hijos.

Tareas que podrían parecer una carga, como llevar y traer a los hijos de los entrenamientos, se reinterpretan como oportunidades valiosas.

> "Llegás a hablar mucho con ellos en el auto. Y también escuchás muchos diálogos entre amigos. Se olvidan de que estás ahí conduciendo. Y luego te meten en la conversación."

3. El "capital deportivo": el recurso secreto

La generación actual de padres es la primera que creció masivamente con el deporte organizado como una parte normal de la infancia.

Este "capital" —sus propias experiencias, su conocimiento de las reglas, su pasión por el juego— los dota de una competencia y comodidad que sus propios padres no tenían.

Al involucrarse en el deporte de sus hijos, no entran en un mundo desconocido, sino que están "reingresando a un terreno familiar".

Es este capital el que les da la confianza para participar de manera más significativa.

4. Una inversión a futuro: el deporte como "cultivo" del carácter

Los padres ven el deporte no solo como una actividad recreativa, sino como un campo de entrenamiento para la vida.

Existe una creencia generalizada en el "cultivo a través del deporte", donde la participación en un equipo se considera una herramienta para forjar el carácter y desarrollar habilidades transferibles.

Según los padres, el deporte inculca:

  • Confianza
  • Resistencia
  • Concentración
  • Trabajo en equipo
  • Capacidad de rendir bajo presión

> "Lo que gana con el balonmano es la resistencia. Año tras año tras año. Esa perseverancia y concentración. Es valioso para la escuela y estudios posteriores. Pero también para el trabajo más adelante."

5. El ascenso del padre "profundamente involucrado"

Dentro de esta nueva norma de alta participación, existe una forma aún más intensa de compromiso: la "involucración profunda".

Esto implica:

  • Asistir a casi todos los entrenamientos y partidos
  • Realizar sesiones de entrenamiento uno a uno
  • Tener conversaciones detalladas después de cada juego
  • Planificar estratégicamente el desarrollo atlético

Sin embargo, esta práctica tiene una doble cara. Se mueve en una línea muy delgada entre ser un sistema de apoyo increíble y el riesgo de convertirse en una presión negativa.

Un padre que se había invertido profundamente en la carrera de balonmano de su hija se sintió "perdido" cuando ella sufrió una serie de lesiones. Su experiencia ilustra la trampa emocional que puede suponer esta forma de paternidad.

Una nueva forma de ser padres

El masivo aumento de la presencia de los padres en los campos deportivos no es una moda pasajera. Refleja un cambio fundamental en nuestras ideas culturales sobre lo que significa ser un buen padre.

El deporte ha pasado de ser "cosa de niños" a ser un proyecto familiar central.

Esto nos deja con una pregunta crucial: en un momento en que los padres invierten más que nunca en las actividades de sus hijos, ¿cómo navegamos la delgada línea entre el apoyo que nutre y la presión que puede llegar a abrumar?